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La manzana de Newton

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El fin del realismo y el asesinato del padre

Suele decirse que una fotografía sirve para “inmortalizar un momento”. Sin embargo, hay imágenes que me hacen pensar en justamente lo contrario: la muerte. No, no me entiendan mal. Ni mucho menos quiero ser un escatológico desnortado. Pero es justo reconocer que el hecho es un acto muerto en sí mismo, salvado de su propia desaparición momentánea por el relato de ese hecho, pues si lo real no es contado, de la forma que sea y por los procedimientos que fueren, esa realidad sería tan dramáticamente transitoria que se convertiría en una mera víctima del instante en que transcurrió. Sin más valor que el de su propia extinción como hecho. Pero fue relatado. O lo que lo mismo: salvado de las nada piadosas garras del tiempo.

En cualquier caso, podría aludirse al papel de la memoria como instrumento de salvación. Pero acaso fuera esta tan subjetiva que debiéramos escapar de la confianza que presuntamente nos mostraría un hecho como objetivo si es resultado de la simple suma de subjetividades. Si así fuera, la reconstrucción del hecho tendría tanta disparidad como las diversas variables de selección a las que acudiríamos para elegir a los sujetos encargados de “rememorar” lo sucedido, originando así una sucesión de subconjuntos que, muy probablemente, hiciera estallar la presunta unidad temática, el uniperspectivismo que caracterizaría a la realidad sucedida en un tiempo concreto y en un espacio determinado.

Pero no quiero extenderme en el futil asunto que constituye el forzoso subjetivismo que caracteriza la mirada y que impregna el relato mismo de lo mirado, de lo observado o de lo estudiado, sino que una fotografía, en cuanto relato de un momento que yo pude observar con mis propios ojos, me hizo recordar cuán vigente puede estar el mito del asesinato del padre.

No obstante, no seré yo quien se valga de los mitos como medio de salvación para afrontar un fin de las cosas heterodeterminado por una omniscencia que todo lo ordena y que todo lo rige -a la manera en que construyó su discurso sobre la historia el pensador Vico-, sino como una herramienta muy útil para explicar, sobre la base de relatos presumiblemente divinos, acontecimientos más bien mundanos, altamente prosaicos y ciertamente muy extendidos.

Leo el prólogo que Nicolás Casariego dedica a la Carta al Padre de Kafka: “Escrita en primera y segunda persona con un estilo distante, la carta es una pormenorizada y angustiosa sucesión de reproches, justificaciones y malentendidos, dominada por el miedo, el odio y el sentimiento de culpa y apenas rota en dos bellos y tiernos párrafos en los que, pese a todo, se vislumbra el amor que también profesaba a su padre”. Kafka utilizó a su madre como intermediaria para que entregara la carta al padre y muy de continuo utilizaba las comidas para hablarle a la madre con mensajes claramente dirigidos al padre, presente en la mesa. La carga de ese parricidio simbólico se produce, pues, lejos de en situaciones extraordinarias, en aquellas escenas cotidianas donde se produce un desplazamiento del centro del poder. Y esto puede suceder en el seno de una familia, de una empresa, en una organización política o en la misma administración.

En su celebrada Canción por la muerte del padre, Jorge Manrique pone el acento en la estructura de poder. Y se sirve de la muerte como instrumento de igualación, un síntoma que bien podría aplicarse a esa lucha por el poder que se vislumbra en cada asesinato del padre: “Esos reyes poderosos que vemos por escrituras ya pasadas, por casos tristes, llorosos, fueron sus buenas venturas trastornadas; así que no hay cosa fuerte, que a papas y emperadores y prelados, así los trata la muerte como a los pobres pastores de ganados”.

Tampoco está de más recordar como, en Freud, la figura del padre presenta una característica similar: la muerte por asesinato. Y esa muerte, buscada, intencionada, real o simbólica, por las armas o por las letras, tiene una relación en la elaboración freudiana con la satisfacción pulsional y con la verdad inconsciente.

Y así, Freud relaciona la prehistoria individual, marcada por la represión inconsciente encarnada por el Edipo, con la prehistoria de la especie humana, que ha olvidado o reprimido la causa de su origen.

Sólo que el fin no está escrito, que el pasado es rescatable por el relato y muchas veces por la memoria, y que el futuro no es un momento, una circunstancia impuesta, sino una propuesta que surge de la propia acción de los hombres.

Pues, como dije al principio, nada hay en los mitos que no sea tozudamante humano, tan humano como el asesinato del padre, cuya irreversibilidad sólo es confrontada con la muerte, ésta sí decidida, del hijo. Una muerte necesaria para preservar el poder del padre. Pero, en este caso, el padre sólo puede ser, por ello, una divinidad.

Referencias

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Comentarios

  1. Muy bueno el artículo.

    En la cultura política norteamericana los ex-presidentes son rápidamente olvidados, y se dedican a dar conferencias, pasan a ser simples "ciudadanos significativos".

    El error estratégico de los demócratas le dio una confianza a los republicanos que creo, no aprovecharon entendiendo su época, y la supuesta nueva ola conservadora se está desinflando demasiado rápido.

    Me parece que en este caso el hijo no logró rematar del todo a su padre, una faena que sin duda no recibirá ni las dos orejas, ni el rabo.

    Comentario de miguelnr hace 2 años y 30 meses

  2. Miguel, ten en cuenta que dentro del Partido Republicano hay muchas tendencias, que van desde el fundamentalismo religioso a los liberales más ortodoxos, pasando por algunos realistas nostálgicos de Reagan y de Bush padre, o el núcleo duro de los neocons.

    Y está claro que intervenir en Irak en las circunstancias en las que se intervino, así como las motivaciones de la guerra, no hubieran sido las mismas con un ejecutivo del llamado "realismo" conservador. de hecho, Bush padre no derrocó a Sadam en la I Guerra del Golfo para contener , desde el nacionalismo baasista, una supuesta influencia creciente de los ayatolás en Irán.

    Un saludo

    Comentario de jclavijo hace 2 años y 30 meses

  3. Sí, todo eso ya lo sabía, pero precisamente fué atacar ese realismo en su discurso lo que levantó a Bush a la Presidencia.

    En palabras del jefe de la oposición conservadora poco antes de la primera victoria de Bush, Clinton era el enemigo del "americano común", que rechazaba el equilibrio de poder, y que criticaba a Bush padre por no haber acabado el trabajo y haber fusilado a Sadam allí mismo en 1991.

    El partido republicano arrolló a los demócratas recuperando abstencionistas derechistas que no votaban desde hace décadas, y gente expulsada del "target" electoral del partido demócrata, volcado en la América más europea, menos "americana".

    Ahora bien, como insistimos muchos desde hace tiempo, el que no es pragmático lo acaba pagando caro, y esa revolución conservadora, electoralmente eficaz, no es sostenible en el tiempo como agenda de gobierno, y eso es lo que los republicanos están pagando.

    A eso me refería cuando decía que esta supuesta "segunda ola conservadora" de Estados Unidos tiene su tiempo contado, se acabará autodestruyendo porque está quemando sus últimos cartuchos, pero en su momento, fué una estrategía incombatible, y han conseguido colocar a muchos de los suyos en instituciones vitalicias de Estados Unidos, que definirán el rumbo de Estados Unidos en, como mínimo, medio siglo. Eso, ya es una victoria brutal para el conservadurismo revolucionario de Bush (revolucionario en todas sus dimensiones).

    Los nostálgicos de Reagan votan a Bush hijo, los nuevos republicanos votan a Bush hijo, solo los viejos añoran a Bush padre, y esos tienen pocos años de vida.

    El partido demócrata tiene que reaccionar para aprovechar el desgaste, que yo ya defino como inevitable, pero no suficiente para hacer bueno a Kerry, un pijo de Nueva Inglaterra, incoherente, quemado por el poder, y que desprecia la vida de los Estados del interior.

    En el ticket demócrata necesitan a alguien como Mark Warner, un demócrata joven y dinámico, que hace campaña en los Estados del interior y que habla para el americano tradicional.

    Lo van a tener muy dificil. Algo útil sería enfrentarse a los consensos Neoliberales para rebajar las subvenciones al campo, y defender las subvenciones a la actividad agraria.

    Podrían recuperar la confianza del agricultor norteamericano en el New Deal, volviendo a la época de los viejos demócratas como Roosvelt, que era un Demócrata al que muchos tachaban de SOCIALISTA, pero que arrasaba en los Estados del interior, que arrasó en las elecciones y que implantó una de las políticas más intervencionistas de la historia de los Estados Unidos.

    El problema es que el partido Demócrata está más perdido que un pulpo en un garaje, sin embargo, como digo, Bush hijo no ha sabido interpretar los signos de los tiempos, y su falta de pragmatismo, sin duda, hará que algunos requieran que imite en algo a su padre, a pesar de que fuera atacar las tesis de su padre lo que ayudó a levantarlo hasta la Casa Blanca.

    Como decía, el padre no estaba muerto, estaba de parranda.

    Comentario de miguelnr hace 2 años y 30 meses

  4. eeee kallaros,

    Comentario de kio hace 2 años y 27 meses


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