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La manzana de Newton

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La marbellización: el cáncer del municipalismo

Han transcurrido ya 26 años de la constitución de los primeros ayuntamientos democráticos, una efemérides que se ha celebrado con regocijo en un país, España, con un sistema democrático plenamente consolidado. Es lógico que se sorprendan con el calificativo, pero yo no lo haría tanto a la lumbre de la Historia de España y la vigencia de la democracia en los dos últimos siglos.

Sin duda, la llegada de la democracia a nuestros consistorios representó un eslabón de indudable importancia en la afamada transición española. Con la asunción a la democracia de las administraciones locales, España ponía doble llave al sepulcro del Cid, como cacareaba Joaquín Costa, pero también clausuraba un mal que había aquejado a nuestra España contemporánea: la oligarquía y, con ella, su traducción práctica: el caciquismo.

26 años después, y cuando los ayuntamientos han venido reivindicando más financiación para hacer frente a competencias cada vez más crecientes, los municipios están inmersos en un periodo de sospechas y corrupción, con su traducción práctica: el urbanismo.

Porque, como el caciquismo que caracterizó el gobierno de las haciendas locales durante el siglo XIX y prácticamente tres tercios del siglo XX, el urbanismo ha tenido, en los ayuntamientos y en los pueblos, una consecuencia grave: la creación de una élite. Y no hay peor mal para la democracia que el gobierno de la élite porque, con ella, queda desvirtuada la buena y aceptada esencia de la representatividad. Y, al igual que con el imperio de los caciques, los nuevos oligarcas del maletín no tienen reparos en borrar la frontera entre lo económico y lo político, mancillando el sistema, creando redes de corrupción y compra de voluntades políticas, influyendo en las políticas locales, creando tendencias y ambientes que les benefician, negando el valor de las leyes y desoyendo la voz de la ciudadanía.

En los últimos diez años, hemos asistido a una progresiva marbellización de los ayuntamientos. Todos los defectos reseñados más arriba y que constituyen, de facto, una dictadura invisible, se concentraron en el municipio costasoleño, haciendo de la corrupción una bandera del funcionamiento político de su administración y de quienes vieron en este suelo un maná de consecuencias transnacionales.

Y lo que es peor: dando vía libre al poder de las mafias, el lado más oscuro de la élite: su brazo armado para hacer y deshacer de acuerdo con sus intereses más particulares y extendiendo sus ramificaciones como un cáncer que ahora aqueja, y mucho, al municipalismo.
Porque, como en el caso de Marbella, cada vez son más los episodios en los que esa frontera tácita entre las finanzas y la política han quedado eliminadas por el ejercicio de la élite, que lo mismo se disfraza de empresario-promotor que de concejal. Son las dos caras de la moneda. Las dos caras necesarias para “desfacer entuertos” y no ajustarse al imperio de las leyes. Así, los casos de la Costa del Sol, otros tantos en el Levante español, muchos otros en la costa gallega, las irregularidades detectadas también en la Costa Brava el desagradable espectáculo que nos deparó la constitución de la asamblea de Madrid, o el caso actual del Ayuntamiento de Camas, dibujan un panorama desalentador para las democracias locales.

El gran mal de los ayuntamientos es, en efecto, el urbanismo. La liberalización de suelos fomentada por el Gobierno de la Nación en 1996 dio luz verde a que los consistorios vieran en el suelo un yacimiento con el que hacer frente a sus maltrechas economías, como consecuencia de la inexistencia de un Pacto Local, una merma que se ha enquistado durante unos años en los que la llamada segunda descentralización nunca se ha llevado a cabo de manera efectiva y real.

Conforme el gobierno central se ha ido despojando de autoridad, ésta ha ido encapsulándose en otros mamotretos burocráticos y no menos artificiales: las autonomías. Pero el proceso descentralizador no ha virado hacia donde realmente hacía falta: a las administraciones locales, cuya creciente asunción de responsabilidades no tuvo correspondencia con un incremento de la financiación ordinaria.

Pero esta circunstancia no debe justificar una llamada a rebato de los ayuntamientos y una retórica justificatoria para remover unos polvos que ha generado el vigente lodazal de corrupción que afecta a las instancias locales, prácticamente convertidas en empresas promotoras que han especulado con el suelo municipal y, por tanto, petrteneciente a todos sus ciudadanos.

De modo que la instrumentalización política por parte de las ‘ladrilleras de cuello blanco’ se ha traducido en gobiernos inestables, minorías precarias, mociones de censura por doquier, judicialización de la política y trasfuguismo.

Estos males del sistema, inevitablemente, erosionan la imagen de la política. Del oficio de la política y del ejercicio de la democracia. Unos males que se irradian a quienes abanderan las bonanzas y la exclusividad de la representatividad: los partidos políticos, cuya financiación también debería ser sometida a una mayor vigilancia por parte de un corpus judicial que nos evitara llegar a los desmanes del sistema americano, con partidos y gobiernos que funcionan según parámetros de lógica empresarial.

26 años después de la llegada de la democracia a los ayuntamientos, va siendo hora de que se aclaren de una vez por todas las competencias locales, de que se materialice la segunda descentralización, de que haya un mayor control de las cuentas municipales, de que la justicia, con fiscales especializados, actúen con la fuerza que otorgan las leyes, que se limiten los mandatos, de que se penalice, y bien, el transfuguismo, de que se socorran las arcas municipales, de que los consistorios tengan más autonomía, de que se reforme el reglamento de funcionamiento de las corporaciones locales para hacerlas más ágiles, rápidas y efectivas y de que se luche contra la corrupción.

Un cuarto de siglo después, la democracia debe madurar en nuestros ayuntamientos, dando importancia a la política y a la participación ciudadana, apostando por la transparencia y las nuevas tecnologías, y eliminando el creciente y abrumador peso de esos caciques de nuevo cuño que son los especuladores urbanísticos.

Referencias

Dirección para referencias

  1. [...] "gilismo" no siga extendiéndose como una mancha de aceite, con suficientes recursos financieros y con un mayor lote competencial para los ayuntamientos, construiremos una España descentralizada y, con ella más próxima a las verdaderas reivi [...]

    Referencia de La manzana de Newton hace 4 años y 50 meses

Comentarios

  1. Pagaria dinero por pasear por camas y ver el ambiente, debe ser la tangentopolis del futuro.

    Creo que han puesto un cartel de "se busca" con la cara del alcalde y la de Arenas.

    Comentario de Cesar hace 4 años y 51 meses

  2. La verdad es que el asunto, por interesante, no deja de ser un tanto asqueroso, sobre todo por lo que tiene de descrédito para la clase política. Por eso, de Camas me quedo con su celebérrimo tapeo y sus buenos vinos. Te aconsejo Casa Rufino. César, si tiras otra vez pa Sevilla, nos acercamos a tapear a Camas. Te vas a quedar helaooooo!!!

    Comentario de jclavijo hace 4 años y 51 meses

  3. amigo: has escrito un post ejemplar. Lúcido. Afinado. Valiente. Ya quisiera yo leer cosas así en las columnas de opinión de la "prensa seria".
    Gracias.

    Comentario de garcía argüez hace 4 años y 51 meses

  4. García Argüez: Es que el latrocinio de cuello blanco me enerva...

    Comentario de jclavijo hace 4 años y 51 meses


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