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La manzana de Newton

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De la multilateralidad a la guerra de coaliciones

Creo que es un sano ejercicio mental preguntarse por la arbitrariedad del poder. Créanme: vecinos, parientes y amigos se lo agradecerán. Si el poder es o no arbitrario por naturaleza es algo que también hay que preguntarse para entender el papel que los imperios han jugado en el mundo a lo largo de distintas épocas históricas.

De momento, yo me voy a la Antropología para aferrarme a la idea de que, incluso el hombre más poderoso de la tribu, estaba obligado a consultar a la comunidad ( a parte de ella, al menos: la élite) antes de adoptar decisiones. Claro que la autodeterminación opinativa del grupo habría que ponerla en crisis. Pero bueno, por lo menos hablaba. Y, si no lo hacía, ya había valores convencionalizados que, digamos, guiaban las actuaciones y que, por tanto, emanaban de lo social y no de los individual.

Claro que el hilo de la arbitrariedad nos lleva, tirando del hilo, a la tan de moda confrontación unilateralidad/multilateralidad, como si se tratara de una dicotomía diáfana en la que pudiéramos encasillar el ejercicio del poder en función de cómo se ejerce, de quién lo ejerce y, por supuesto, de las circunstancia en qué lo ejerce.

No tener en cuenta la amplia gama de grises que rodea está clásica división nos lleverá probablemente a un error de visión e interpretación de los hechos. Es más: nos remite a la justificación.

Porque, claro, si encapsulamos los conflictos en este eje, estaremos dando por sobreentendido que ni una guerra es igual a otra, que hay guerras buenas y malas, y que la vida de las personas no vale lo mismo, qué se yo en el otoño de 2001 en Kabul que en marzo de 2003 en Bagdad, por poner dos ejemplos ilustrativos.

En cualquier caso, sobre este relativismo de lo bélico, os remito a Lobo , que suele hilar muy fino en el análisis del horrendo oficio del “bellum garere” y de sus actores principales.

Hasta cierto punto es comprensible que partamos de esta acomodaticia diatriba unilateralidad/multilateralidad para clasificar los conflictos, para valorarlos y, de paso, enjuiciar el papel de los organismos internacionales.

En cierto modo, es muy lógico pensar que la ONU está muerta desde que un país le declaró la guerra a otro (con todos los matices del término “declarar”) sin la aprobación de la comunidad internacional. Se entiende que quien hizo la guerra en ese momento. Insisto, en ese momento, actuó mal. Y actuó mal, a ojos de la comunidad internacional y de la sociedad, porque intervino “unilateralmente” (con todos los matices de la unilateralidad). Situación que, teniendo casi a los mismos protagonistas, contrastaba con el beneplácito internacional a una guerra, en octubre de 2001, no menos horrorosa y que, como las guerras del siglo XXI, ni han acabado ni acabarán. Sencillamente, porque el conflicto seguirá latente (los casos de Kosovo, de los Balcanes o de Chechenia lo demuestran).

Evidentemente, cabría pensar que el obligado éxito de la comunidad internacional en la guerra contra los talibán y contra Al Qaeda, se tornó en fracaso en la guerra contra Sadam y contra Al Qaeda un año y medio después en territorio irakí. Pues, si algo conectaba, la batería justificatoria de ambas conflagraciones era la lucha contra el terrorismo. Las dictaduras de los talibán y de Sadam y sus respectivas armas de destrucción masiva pueden ser considerados elementos secundarios. Tanto es así, que los EEUU no han tenido la desfachatez de inventarse tales armas. ¿O quizá sí?

(Un colega, con cierto grado de guasa, se siente seguro de que en Irak aún hay armas de destrucción masiva. “Debe haberlas”, comenta, para apostillar que “de lo contrario, EEUU se las habría inventado” para justificar su guerra contra Sadam, que no es sino un capítulo más de esa guerra contra el terror y de exportación de la democracia que predica la casa Blanca. Bueno, la verdad es que las afirmaciones del amigo no resisten más que una sonrisa y, evidentemente, están llenas de una ironía que, en cierto modo, propician los EEUU y su papel en el mundo, pero este es otro debate).

Sin embargo, aquel voto negativo de la ONU a EEUU y otras potencias aliadas, lejos de representar una crisis en la comunidad de naciones, supuso una vindicación: una especie de “no en mi nombre” que dejaba a los EEUU sin justificación internacional. Es más: se ponía negro sobre blanco la sempiterna división entre los intereses de la gran potencia y, en teoría, el resto del mundo. En realidad, una gran parte del resto del mundo, porque ya sabemos de la fortaleza de los contactos bilaterales.

No obstante, para mí representa un fracaso de la multilateralidad el que la ONU no pudiera impedir la guerra de Irak. Es la gran crisis de la comunidad internacional y un resurgimiento de las “grandes coaliciones” que caracterizaron a las dos grandes conflagraciones mundiales.

Y esto sí me preocupa. No tanto el triunfo de la unilateralidad como que un organismo como la ONU, que nació tras la Segunda Guerra Mundial, no sepa cómo arbitrar y confrontar, incluso en su seno, esa nueva etapa de ‘coaliciones’ que ha tuvo su punto álgido en la guerra de Irak y que se ve fortalecida por la inacabable “guerra contra el terror”.




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Comentarios

  1. Plenamente de acuerdo jesus, pero ....pensemos en la composicion de los organos de la ONU y en quienes son los interesados en que eso no funcione.

    Si una de las funciones basicas de las sociedades avanzadas es , al estilo hobbesiano, proporcionar seguridades a sus miembros, desterrar el miedo , la funcion de una "sociedad de sociedades" seria asimismo proporcionar a los mas debiles de sus miembros unas minimas garantias de vida, pero esto, como bien sabemos no es asi....

    Comentario de Cesar hace 4 años y 51 meses

  2. Bueno, el tema central del post no es la ONU: ni lo que tiene de loable, ni lo que tiene de despreciable. El tema del post es la guerra y cómo la desviartuación de la ONU, en este sentido, nos ha llevado a la entrada del periodo de 'coaligaciones' bilaterales, trilaterales y a lo sumo de cinco miembros, que son las que fijan las agendas diplomáticas (o, lo que es lo mismo, bélicas). Por ejemplo, el eje franco-alemán-ruso-indio difiere en los objetivos del eje GB-EEUU-Pakistán, por ejemplo. Y estas divisiones se traslucen en la ONU. La crisis de la multilateralidad no se traduce en la unilateralidad, sino en las querellas grupales de quienes comparten y a la vez defienden intereses distintos en el mundo.
    Sin embargo, el que la ONU se opusiera en su día a la guerra en Irak demuestra una victoria de la multilateralidad y una "negación" de la acción unilateral/grupal/coaligada, aunque esta se llevara finalmente a cabo. A los ojos de la comunidad internacional, la guerra de Irak no goza de "legitimidad": no fue ni siquiera legal. Al contrario de lo ocurrido en Afganistán.

    Evidentemente, sólo quienes quieren actuar bajo el paraguas de las pequeñas coaliciones y niegan la multilateralidad, reniegan de la ONU y ponen en solfa sus resoluciones. Es el caso de EEUU y, aunque no tanto de GB, sí mucho de Israel, por ejemplo.

    Comentario de jclavijo hace 4 años y 51 meses


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