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La manzana de Newton

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¿Fue la tagedia de Chernóbil fruto de la alada imaginación de unos malditos conservacionistas?

Ni lluvia ácida, ni terribles efectos medioambientales, ni malformaciones genéticas, ni muertos, ni contaminación... bueno sí, algo de eso hubo, pero menos. Así lo ha puesto de manifiesto la OIEA, durante un encuentro de expertos -un momento: ¿quién diablos son los expertos?- en el que se han dedicado a minimizar los efectos del desastre de Chernóbil (vaya, ahora me siento en la duda de si emplear la palabra "desastre", no vaya a sonar a sensacionalismo climático).

Pero dejémonos de circunloquios y perífrasis y vamos al grano. El caso es que coincidiendo -¡oh, dios de la vida y del amor!- con las denuncias al programa nuclear de Irán, nos encontramos con un encuentro cientifico con ponentes gubernamentales, de la ONU y de las empresas donde se dice esto:

UN experts said that fears of radiation effects from the Chernobyl nuclear accident nearly two decades ago had been exaggerated, but environmentalists rubbished the assertion, and said a new estimate of only around 4,000 dead over time was much too low.

Que no, que no se arrepintieron. Más bien confirmaron:

Kalman Mizsei, from the United Nations Development Program (UNDP), told the UN-sponsored Chernobyl Forum that met in Vienna Tuesday: "For the vast majority of people, the fears associated with exposure to radiation from Chernobyl have been exaggerated.

En definitiva, que estabamos todos equivocados. Que nuestro sentimentalismo había violado las reglas básicas de la comunidad científica:

"The damage, both to human health and natural environment has been much smaller than commonly assumed," he said.

No hace mucho, comentaba en el blog de David que, si bien los adalides de la teoría del Justo Castigo podían cometer la barbaridad de asociar los efectos del Katrina a la negativa de Bush a adherirse al protocolo de Kyoto, esta suerte de maniqueísmo también puede ser adjuntada a quienes ven en Kyoto un acuerdo innecesario, simplemente porque no hay nada que corregir o, sencillamente, porque no comparten la teoría del calentamiento global.

Los dos extremos son radicalmente parciales, sesgados y falsos. Al fin y al cabo, en un post anterior también debatíamos sobre la percepeción fragmentaria de la realidad, para coincidir en que la ciencia no era sino una muestra más de conocimiento fragmentado de esa realidad.

Entonces, ¿por qué ser un sumiso de las directrices de la comunidad científica? ¿ A quién creer, a los que dicen sí o a los que niegan? ¿Por qué tenemos que creernos los que nos dicen unos expertos -que recuerdan a los sabios atenienses- sobre temas donde irremediablemente hay desacuerdo? ¿Qué podemos hacer, si hay científicos acreditados como tales y graduados por Oxford, Yale o Harvard y con currículos ingentes que refutan la tesis del cambio climático, mientras que hay otros que acrecientan por encima de la media sus efectos y también son diplomados por Oxford, Yale y Harvard y, además, también tienen curriculos ingentes?

Lo que es indiscutible es que la disensiones cuestan vidas humanas, aunque como sabemos, las vidas, como su cifrado, también forman parte de esa espiral que llamamos relativismo.

Einstein hiperbolizado.

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