Nacionalismo y dialéctica
jesus clavijo urbano - 12-08-2005 19:00:25 | Categoria: Actualidad
La dialéctica campo/ciudad es, sin duda, uno de los grandes leit motiv de la Historia. Y esta confrontación ha tenido especial significado en el caso español, donde el campo casi siempre se ha asociado a conservadurismo, mientras que la ciudad siempre ha sido sinónimo de aperturismo, nuevas corrientes y progreso.Pero esta correspondencia cuenta, en el caso de España -o lo que haya sido España a lo largo de su Historia con una notable excpeción: el nacionalismo.
El pensamiento -y el sentimiento- nacionalista nació en la ciudad, entre las capas medias, medias altas y altas de las sociedades urbanas. Pero no tuvo ningún reparo en aliarse con el campo. Al fin y al cabo, se trataba de una entente conservadora que tuvo como especial motivación realzar lo particular y acentuar lo distinto, pero sobre todo vencer a un enemigo común en el siglo XIX, la centuria del romanticismo: el naciente proletariado.
De este modo, el nacionalismo rompe, también con su llamada a lo primigenio, con la dialéctica campo/ciudad. Y llama, desde la ciudad, a esos campesinos que enarbolan el temor a lo nuevo, y con ello a lo distinto. Es, en cierto modo, una salutación al racismo de guante blanco, lleno de sutilezas y de barreras simbólicas, como la lengua o la cultura.
En muchos factores, el nacionalismo, pongamos por caso el catalán, se asemejó, durante todo el siglo XIX, al carlismo.
A Arana -ultracatólico al más puro estilo carlista- sólo se le ocurrió fundar su PNV cuando Cánovas arrebata fueros a Navarra.
También la Lliga Regionalista y su sucesora, la Mancomunitat, se fundan cuando se abolieron aranceles que favorecían a los industriales catalanes.
Por eso Cambó o Prat de la Riba no son comparables a un Maciá o a un Companys. Los primeros no entendieron las ventajas del federalismo y naufragaron en su nacionalismo corto de miras.
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