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La manzana de Newton

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Ahondando en las causas para asir el delirio

El profesor Sami Nair sigue ahondando en las causas. Lo hace en un bien trabado artículo que hoy publica en EP.

En anteriores post, hemos intentado dibujar un amplio abanico de motivaciones, sin que por ello justifiquemos la forma de asesinato cruel y execrable que representa el terrorismo.

Pero no debemos caer en el infantilismo de negar las causas y suscribirnos a la paranoia voluntaria de la ceguera que se recrea en las consecuencias para autoafirmarse en puntos de partida erróneos. Y, de paso, justificar acciones improcedentes y de trágicas consecuencias en la demandada lucha contra el terrorismo.

A la diferencia entre religión y religiosidad que nos presentaba Roy en su artículo de la FRIDE; al Islamismo Todo a Cien que nos describía Elorza; a esa sublimación del suicidio / martirio como forma de rebeldía contra el dominio son que la toma del poder sea el objetivo de los terroristas de la que habla en su blog Ugarte; el profesor Sami Nair suma más datos para tratar de comprender (nunca de compartir), en el sentido más radical y etimológico del término (cum-prendere) el ideario terrorista.

Nair ahonda, pues, en las causas para asir el delirio:

“La primera idea que hay que admitir es que para una parte importante de las poblaciones musulmanas en el mundo, y en especial en las democracias occidentales, no vivimos, en el plano de las relaciones internacionales, en un sistema de derecho, sino en un estado de guerra”.

Y Nair añade que son varias las razones que contribuyen a esta percepción:

a) Dificultades de integración
b) Las formas cada vez más humillantes de marginalidad social de los jóvenes inmigrantes
c) El “apartheid comunitario” impuesto a estos inmigrantes, “tanto en el plano de la inserción de la ciudad (la formación de guetos) como en el de los valores de pertenencia (con una deliberada crítica al multiculturalismo, en tanto que subrayador de la diferencia como icono de la desigualdad).

La mezcla de estos factores genera un “racismo confesional ambiente” en Occidente respecto al Islam, asegura Nair, al tiempo que fomenta “la radicalización de los grupos fanáticos en el interior mismo de su comunidad”.

No se trata de responsabilizar de los atentados a Occidente. Ni a la democracia, ni a las sociedades que se autodenominan “civilizadas”. Está claro que los únicos responsables son los terroristas.

Pero, en una sociedad globalizada, hay que considerar (¡¡¡por lo menos considerar!!!) en pro de quitarnos el velo de los ojos que, como apuntaba The Guardian, “por cada occidental asesinado por terroristas musulmanes desde el final de la Guerra Fría, han muerto al menos 100 musulmanes en las guerras y en las ocupaciones perpetradas por Occidente”.


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