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La manzana de Newton

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Islamismo de todo a cien

El profesor Antonio Elorza nos advierte de la patente laxitud mostrada en el RU ante el proceso de radicalización de los islamistas de Londres. El proceso es una especie de Todo a Cien:

"No era extraño encontrar en las inmediaciones de las mezquitas cassetes, vídeos" y manuales islámicos con consignas que llamaba a la yihad por el bien del Islam y por su expansión por el mundo a través de la guerra contra los infieles.

En alguna que otra ocasión he insistido en la necesidad de adjuntar al fanatismo religioso una situación de injusticia como punto de partida casuístico para valorar más complejamente la radicalización de los muisulmanes hasta convertirse en terroristas al servicio de Al Qaeda con la promesa de alcanzar el paraíso que Allah reserva para los mártires.

Elorza subraya que si bien el fanatismo religioso de los terroristas es el principal leit motiv de los atentados terroristas en Oriente y Occidente, no hay que olvidar que la situación de pobreza e injusticia social que padecen los países del mundo árabe es empleada como aliciente para alimentar el odio de los futuros terroristas.

Y la verdad, añadiría yo, es que los países autodenominados desarrollados tienen su parte de culpa, como consecuencia del aliento dado a regímenes antidemocráticos y oligárquicos del mundo árabe. O bien, como consecuencia de estrategias erróneas de cambio del status quo en determinadas zonas. Caso paradigmático es el de Irak, donde la guerra ha dado paso a una insurgencia terrorista que no es sino la muestra más palpable de que Al Qaeda ha encontrado en Bagdad un auténtico centro de operaciones.

Para combatir al terrorismo, a las sociedades occidentales no les queda más remedio que, por un parte, consensuar políticas destinadas al desarrollo político y económico de los países de la Umma y acordar estrategias que eviten ser percibidos como el enemigo a batir por la población musulmana como consecuencia de mensajes inoculados por Al Qaeda entre la población. Es decir, que la dominación norteamericana -empresas y bases- en Oriente Medio es un caldo de cultivo de potenciales terroristas, ya que los dirigentes de Al Qaeda repetirán hasta la sociedad que es necesario luchar contra el enemigo infiel para conseguir la libertad. Y de ahí pasar a la creación de una gran Umma que se extienda desde la cuenca mediterránea hasta el sudeste asiático.

Sin duda, la presencia americana y de los aliados europeos en Irak alimenta los ataques en los países árabes, mientras que el fin del panislamismo sirve de base al ataque en Occidente, unos atentados no exentos de venganza, según Al Qaeda, por los daños sufridos por los musulmanes en su tierra de origen.

Si en Oriente Medio se hace necesario cambiar de estrategia, está claro que en Europa es vital controlar los mensajes que inoculan el odio entre la población musulmana residente en el continente.

Y en este sentido, Elorza se muestra partidario de la vigilancia de las mezquitas, así como de controlar el tráfico de medios propagandísticos de Al Qaeda por territorio europeo, sea a través de internet, sea a través de esas publicaciones de todo a cien que se encontraban en las inmediaciones de la mezquita de Finsbury Park.

Está claro que el proceso de radicalización de quienes perpetraron la matanza del 7-J tuvo dos escenarios: Pakistán (entrenamiento y bendición para atacar) y la propia Inglaterra (interiorización del mensaje violento contra los infieles).
Sólo con una lucha policial y de los servicios de inteligencia que trabajen de forma coordinada en los países europeos se podrá desbaratar el entramado terrorista que amenaza al continente: desde los vídeos a los capitales, pasando por los libres o los discursos en las mezquitas y centros musulmanes.

En paralelo, una diplomacia respetuosa con los derechos humanos, acompañada de proyectos de cooperación y desarrollo en los países árabes, contribuirá a aminorar la sensación de injusticia que tienen estos pueblos y de la que se aprovecha la red criminal Al Qaeda para reclutar mártires que maten inocentes por el bien del Islam y como acto supremo de venganza contra los gobiernos que promueven políticas imperialistas en el mundo árabe.

Y, en este sentido, la guerra es un instrumento nefasto al servicio del islamismo radical. Una coartada perfecta para atacarnos en nombre de su adulterado Islam.






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