La huella
jesus clavijo urbano - 15-07-2005 16:26:11 | Categoria: Actualidad
No es cuestión de mirar constantemente para atrás. Pero es que la huella es grande. Y dolorosa. Fueron ocho años de gobierno, en los que destacó la lucha antiterrorista -hasta el extremo de hacer del terrorismo el tema dominador en los medios controlados por tales huestes políticas-, con frecuencia el gran logro enarbolado por la gestión de Aznar, pero también otros asuntos referentes a su presunta exitosa política económica.Ahora que el Gobierno del PSOE ha aprobado, en consejo de ministros, el Plan de Infraestructuras, es momento de recordar qué hizo el PP por la tan cacareada modernización de España. No parece, en este sentido, que la mejora de las comunicaciones fuera, precisamente, el fuerte del Aznarato.
La adjudicación de obras que beneficiaban a comunidades "amigas", con administraciones en manos de los populares, aun a consciencia de que los proyectos resultaban redundantes por innecesarios, con una política harto insostenibles y con una clara vocación electoralista, constituyó el paradigma de una planificación arbitraria en esta materia.
Ahora que España se dispone, y así lo esperamos –de lo contrario lo demandaremos de igual forma al actual entorno monclovita– a modernizar su red terrestre de comunicaciones, es necesario recordar esas fisuras que se escondían bajo el resplandeciente sol del défict cero.
¿No sabía la oligarquía económica que controlaba al gobierno de Aznar que es, precisamente en época de bonanza económica cuándo más hay que invertir?
¿No conocía Rato la opinión de economistas acreditados favorable a la creación de infraestructuras como modo de atemperar periodos de recesión?
La agenda económica del gobierno de Aznar no pasaba por la inversión. Inversión, durante la gestión del PP era igual a gasto.
Y Rato y Montoro eran los culpables.
Como son los culpables del latrocinio de cuello blanco del disparatado incremento de la vivienda.
Vayan a hemeroteca y consulten el programa de liberalización de suelos del Sr. Rato.
Y es que hay huellas. Huellas que nos incitan a mirar atrás. Sin odio, pero con amargura.
Esperando, por supuesto, que el cambio sea una realidad.
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