Neoliberal para los amigos
jesus clavijo urbano - 12-07-2005 15:50:03 | Categoria: Actualidad
Las privatizaciones son quizá el registro más ineluctable de la dañina huella económica del gobierno del Partido Popular en España.Ahora, como entonces, conocemos cómo el gabinete financiero del PP hiló fino para depurar esos flecos que traslucían cierta oscuridad en un proceso privatizador que sólo era el vértice de una política económica urdida para desmantelar progresiva e invisiblemente el Estado del Bienestar en España.
Y todo a costa del défict cero: el gran logro del PP, aunque sobre él se posaran algunas dudas técnicas.
Pero ahí estaba el Aznarato y su tupida red de amigos liberales para, hoy por mí, mañana por ti, mezclar política y finanzas y configurar una esfera de intereses donde todo quedaba en casa. Porque ambas, política y economía, en los felices años del Aznarato, eran hijas indisociables de la madre y muy liberal patria española diseñada por Moncloa y apoyada por expertos financieros que se pusieron las botas con operaciones bursátiles y de capital riesgo y aun de sociedades financieras bajo el lema del "España va bien".
Claro que el vulgo algo se olía cuando añadía aquella coletilla de "...para sus amigos". En efecto, para quienes, sillón de cuero, whisky del bueno con hielo picado, ventanal a Recoletos, y almanaque de sanjosemaría, remitían a los principios de la libertad del individuo para dar justificación filosófica al latrocinio de cuello blanco.
Como la bien planificada liberalización de suelos -caso escandaloso y sielenciado de Gescartera aparte-, el gran instrumento de la España liberal y de centro para lucrarse a costa de la marejada especultiva, a la que sumaron, sin pudor, y a la búsqueda de maná apenas descubierto, los señores alcaldes y sus respectivos ayuntamientos, los grandes y pequeños promotores, las agencias inmobiliarias y cualquier españolito de a pie, arrastrado por la soflama de que su 60 m2 podría generar, en el mercado, poco menos que petrodólares.
Y así se creó y difundió el España va bien de los Rato, Aznar y Rajoy. Y de esas Aguirre que, con tal de ser la primera madrileña entre todos los madrileños, deja libre albedrío a la burbuja, le duela a quien le duela. Y se convierte en exponente máximo de que, en la familia liberal, política y economía son hijos de una misma madre programática y de un mismo padre teórico. Vamos, porque así lo quieren quienes son más demócratas que nadie.
Porque así, dicen, lo quisieron los ciudadanos en la mayoría absolutísima de 2000.
Ahora, cuando todo está consumado, cuando se enajenó patrimonio público a diestro y siniestro con la excusa de la buena onda económica; cuando, rindiendo culto a las estadísticas, en España al Gobierno no le dio por hacer carreteras, sino por hacer guerras; cuando se potenció la seguridad privada y la Academia de Ávila estaba famélica de aspirantes a "nacionales"; cuando el odioso estado se redujo a su expresión mínima; o cuando la creación cuantitativa de empleo era la coartada perfecta; cuando los proyectos se realizaban en las "comunidades amigas" y la colabboración se centraba "en los países amigos"; cuando ya se cuidaría la Inspección de vigilar a los agentes del España va bien; ahora, insisto, nos empezamos a coscar de esa España del Progreso y sin corruptos ideada en chalés de La Moraleja o en fincas de la sierra de Madrid.
Ahora, cuando la clase media se siente descapitalizada por el arma de engaño masivo que es la hipoteca, se piden cuentas a los del habano, banderaspaña, castellanos encima de la mesa y chivas en ristre, sin darnos cuenta de que el éxodo de estos capitalistas/liberales/patriotas/demócratas les otorga inmunidad ante la opinión pública.
O si no, están blindados en consejos de administración de empresas privadas, bajo el "santa rita, santa rita, lo que se da no se quita" o haciendo abuso de su condición de aforados, ese muro que impide pagos políticos y hasta penales por construir una España que parecía un cortijo. Sin señoritos, sí, pero con mucho yupi, mucha gomina, mucho brocker y mucho suelo.
Esa fue la herencia del Aznarato: una España regresiva, ultracatólica, privatizada, nacionalista y corrupta, muy corrupta. Pero sin papeles de por medio y sin la trena como horizontes para quienes robaron, invisiblemente, a los ciudadanos.
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