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La manzana de Newton

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Antiterroristas

Un compañero de profesión plantea que el PP perdió las elecciones el 14-M por la mala gestión de los atentados. Por mala gestión entiende que Aznar convocara un gabinete de limpieza mediática en lugar del que correspondía ante el atentado más sangriento de la historia de España: el de crisis. Por mala gestión, este compañero entiende que el PP, pese a no descartar ninguna hipótesis y pese a las reiteradas comparecencias de Acebes –alguna de ellas casi extemporánea al ritmo que iban tomando los acontecimientos– se perdió, y lo hizo a consciencia en la tesis equivocada de que el atentado fue obra de ETA. Y así se dijo. Guste o no guste. Tanto es así que, pasada y cerrada la comisión de investigación que inútilmente trata de esclarecer el antes, y el después de los atentados, el PP ha seguido especulando con la tesis de ETA, formulando preguntas inconexas sobre la preparación del atentado y que el propio PP sabe que sólo están destinadas a confundir.

Pero el compañero plantea que si bien el PP realizó un uso partidista y espúreo de la sangre, el PSOE también se aferró al atentado para, aprovechando la torpeza del PP, no apoyar al gobierno, mantener un silencio cual pacto de estado ya arremeter contra el ejecutivo de Aznar. Es decir, que el PSOE también hizo un uso partidista y espúreo de los atentados del 11-M. Variante que suele ser olvidada en los medios cercanos al ejecutivo de Zapatero y no suficientemente rastreado en los medios hostiles a las políticas de actual residente de La Moncloa, que prefieren quedarse en el anecdotario de las manifestaciones ante las sedes del PP durante la jornada del 13 de marzo.

Pero la cuestión es relevante. Porque, si los dos partidos mayoritarios hicieron un suo partidista de los atentados del 11-M, habría qué preguntarse qué grado de aplicación tenía el Pacto Antiterrorista que ambos suscriptores violaron sin control. El PP, mediante la mentira repetida hasta la saciedad; el PSOE arrimando el ascua a su sardina y valiéndose de la ineptitud de los dirigentes populares para inocular en la sociedad española la certeza de que tenían por gobierno un conjunto de mentirosos y lenguaraces prohombres.

Es decir, que el 11-M vino a demostrar que la clase política nos había estado mintiendo acerca de la importancia del Pacto Antiterrorista, voluntariamente violado por las partes, violentamente puesto al servicio de los intereses electoralistas de dos fuerzas que se disputaban el gobierno de España en las urnas 72 horas después de una gran tragedia.

Porque, si PP y PSOE hubieran respetado el Pacto que ellos y sólo ellos firmaron en su día, el sentido de Estado del que adolecieron durante tan fatídicas fechas hubiera llevado al PP a actuar con prudencia y a decir la verdad que revelaban ya los medios de comunicación, los servicios secretos y las fuerzas de seguridad. Si el Pacto Antiterrorista se hubiera cumplido, el PSOE debería también haber mantenido un alto grado de prudencia, hubiera ofrecido su ayuda al gobierno y hubiera realizado un esfuerzo ímprobo de moderación ante la sarta de mentiras proferidas por la dupla Aznar /Acebes.

Si el Pacto Antiterrorista no se respetó por ninguna de las partes entonces (cierto es que Zapatero se puso a disposición del gobierno para la gestión de los atentados, conato de colaboración inmediatamente descartado por la prepotencia y miopía propia del aznarato) es lógico pensar que, con el advenimiento de la nueva legislatura, en nada cambia el estado de crisis de un acuerdo de Estado que, a la más mínima será vapuleado por los intereses partidistas.
Tal y como se ha puesto de manifiesto con ocasión de la propuesta realizada por el Gobierno de negociar (dialogar, contactar…) con ETA si la organización criminal abandona las armas. Precepto este no excesivamente bien contemplado en un Pacto al que el PP quiere acogerse como último bastión de su presunta exclusividad en política antiterrorista.

La negación sistemática manejada por el círculo de marketing y comunicación de Génova de que el PSOE es incapaz de acabar con el terrorismo. Más aún, la cacareada idea en webs liberales y en la COPE de que el PSOE es “amigo de los terroristas” realiza un flaco favor a una eficaz y eficiente política antiterrorista en España.

Un trabajo que, a la luz de las diatribas políticas, sólo podemos dejar en manos, seriamente, de la policía y de los servicios de inteligencia.

Aunque el que pague los platos rotos sea el necesario diálogo con los terroristas. Pero de esto, los nuevos macarthistas no quieren ni oír hablar.

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