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La manzana de Newton

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Disidencias

La cacareadas declaraciones de Piqué no son tan importantes por el contenido, como por el contienente. Como por su significante. Piqué ha hablado para sincerarse, para lamentarse del rumbo que está tomando un partido, el suyo, que a fuer de enterrar discrepancias a lo Gallardón, se aleja escandalosamente del centro político.

No. No se trata de caer en la imagen catastrofista del PP que se encargan de vociferar algunos medios. Pero cerrar los ojos ante el evidente viraje a la derecha más reaccionaria adoptado por el PP desde el pasado 14 de marzo puede resultar una suerte de suicidio político.

Y las declaraciones de Piqué no son sino un intento de llamar la atención sobre lo que está pasando en el PP. Un partido que sí ha empezado a asumir que perdió el poder, pero que no sabe cómo afrontar la nueva situación en unas sillas, las de la oposición, frías como el hielo y amargas como la hiel.

Las declaraciones de Piqué son importantes por eso. Por lo que representan de lamento ante la estrategia adoptada por Génova y que Piqué, como otros dirigentes populares que prefieren apostar por el silencio, ven diáfanemente errática.

Las declaraciones del ex de Exteriores e Industria durante los 'felices' años del aznarato cobran relevancia por, valga la rima interna, lo que contienen de discrepancia. Y el que discrepa, en el PP, lo paga caro. Aunque no es una tragedia exclusiva de los populares.

Pero todo el mundo sabe que ningún ministro dimitió durante los ocho años de gobierno de Aznar. Porque en el PP importan muchos las formas -no sólo en el vestir, por lo que se ve- y la imagen de coherencia. A costa de lo que sea. Aunque sea a costa de deshacerse de políticos de la valía de Pimentel, el ex de Trabajo, mientras políticos ineficaces, pero altamente secuaces y palmeros de Aznar, sí conservaron su privilegiada situación en la Carrera de San Jerónimo.

Recuérdese que el gobierno de Aznar era infalible; que las culpas eran siempre de los otros; que Zapatero, El Maligno, no tenía programa; que España era España porque el PP estaba en el gobierno; que España, con Aznar, había pasado -en Las Azores- al club de los grandes; que sólo el PP sabe cómo combatir al terrorismo -no parece que superian contrarrestar, desgraciadamente, la amenaza islamista-, que sólo un ejecutivo del PP era capaz de traer riqueza y de generar empleo en España; que el PP había acabado con la corrupción -los casos de la Asamblea de Madrid, el caso Fabra, el Prestige, el Decretazo, Gescartera, la tragedia negligente del Yak-42, la guerra de Irak, la LOU , la LOCE, el fortalecimiento de la seguridad privada en detrimento de los cuerpos y fuerzas públicas de seguridad... eran pecata minuta– de los socialistas en el poder.

Y viene al caso, perdónenme la digresión anterior, este repaso a la gestión del PP porque Piqué ha dado en la llaga cuando ha afirmado que Acebes y Zaplana son el pasado del PP. Como lo es Aznar, con diferencua el ex persidente del Gobierno más incendiario de la Historia de España.

Que Piqué quiera ahora disculparse no evita que trasladara públicamente el sentir de un sector del partido harto de tensiones en materia territorial y social. Harto de las posturas del núcleo duro de un PP en el que Rajoy debe pulir algunos elementos si quiere gobernar algún día España.

Que el PP se ha quedado sin socios naturales -a excepción hecha, creo, de la resentida CIU- es un argumento más a favor del aislamiento de un partido que, con tal de conservar la coherencia de planteamientos y de acabar con las voces críticas, se está encerrando en una bola de cristal desde donde sólo se ven amenazas por todos lados. El PP se considera dueño de la Verdad y prefiere aferrase a su Verdad antes de dialogar, pensando que la defensa a ultranza de sus planteamientos sí tiene rédito electoral.

Por eso, fuera de Génova y de las comunidades gobernadas por el PP, sólo hay abismo: Ruptura de España, impulso a los terroristas, recesión económica, nefasta política exterior, debilidad de España en Europa y en el mundo, radicalismo social...

Esto es lo que ve Aznar. Lo que sienten los Astarloa, Acebes, Zaplana, Martínez Pujalte, Aguirre y otros muchos que creen que España es una unidad natural y que los españoles, los buenos españoles ven amenazada su escala de valores por culpa de un gobierno de Zapatero rehén de fuerzas nacionalistas. Es más, rehén de los terroristas, con los que, para colmo de males quiere negociar la entrega de una parte de España y que todos los presos etarras gocen de una amnistía general. No es una exageración. ¡Es lo que repite Acebes cada fin de semana!

Este es el panorama que pinta Aznar desde la presidencia de la FAES, contaminando un partido que tira de la manta para descubrir su faz más reaccionaria, mientras otros compañeros de partido se sienten inanes ante tal despropósito.

Y lo peor de todo es que Rajoy no hace nada por evitarlo, mientras Blanco se frota las manos porque Galicia ya pinta de rojo.

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