Cuando no hay imágenes...
jesus clavijo urbano - 01-07-2005 17:47:56 | Categoria: Actualidad
Cuando no hay imágenes, no hay noticia. Así es la televisión. El medio caprichoso por antonomasia. Donde las noticias brillan por sus espectacularidad. El medio donde el continente es lo importante. Y, sin embargo, es el preferido. Un medio hedonista para una sociedad presta a digerir sólo lo fácil.Sí, ya sé que lo dicho son mensajes redundantes acerca de la televisión. Y es curiosa loa paradoja: la gente utiliza para informarse mayoritariamente el medio menos intrínsecamente informativo.
Si no hay imágenes, no hay noticia. Así es la televisión. El medio caprichoso por antonomasia. El medio que más apuesta por la sangre, el deporte-espectáculo y de masas, las bajas pasiones humanas y el famoseo para lucrarse a costa de espectadores pasivos, incapaces de asimilar mensajes que se ofrecen rápida y muy sesgadamente.
Si no hay imágenes,. No hay noticia. Así es la televisión. El medio caprichoso por antonomasia.
Si no hay imágenes, no hay noticia. Enciendo el televisor y me apresto a ver un formato de programa presentado bajo el título de informativo y que tiene, por tanto, el discutibilísimo propósito de informar (la buena información no está reñida, ojo, con una presentación amena).
Si no hay imágenes, no hay noticias. Entonces la televisión empieza a ofrecer imágenes de un joven que sale de un lugar en dirección a otro lugar cruzando una avenida. Y, de pronto, es asaltado por la policía, que comienza dispararle inmisericordemente.
Entre los gritos recogidos por el camarógrafo –emplazado justo detrás del grupo de agentes que dispara al joven- aparece la voz en over del presentador del informativo.
Esa voz es la que, en teoría, contextualiza y explica lo que por imágenes sólo podríamos suponer o interpretar, con grave riesgo de equivocarnos.
La voz, el complemento informativo necesario para dar sentido a las imágenes, nos indica que el joven en cuestión es un presunto terrorista presto para inmolarse contra un edificio oficial de Ankara, capital de Turquía, donde, presumiblemente, se encontraba el ministro de Justicia turco.
La voz –la voz de un presentador concreto de un informativo concreto de una cadena concreta– precisa aún más: “es un terrorista kurdo…” que fue “rematado a tiempo” por los agentes de la policía, “evitando así” un atentado contra el mencionado inmueble oficial de la capital turca.
Como es claro, la voz explica el suceso en simultáneo a toda una escena televisada desde el principio hasta el final: hasta que el joven, al que se le incauta una bolsa (la voz dice que es un paquete de explosivos adosado a su cuerpo) cae abatido por los disparos.
Todo grabado por una cámara. Todo un compendio de imágenes que da la vuelta al mundo. Toda una representación ¿real? Ante nuestros ojos. Todo un logro de la policía, que logra abortar un atentado y nos enseña cómo, mientras canales de todo el mundo se recrean en las imágenes.
Todo grabado para preguntarnos por qué se graban las imágenes en ese momento, por qué el camarógrafo estaba justo detrás de los policías, no enfrente, o al lado, sino detrás y se ve claramente por el plano que toma del presunto terrorista suicida.
Cuando no hay imágenes, no hay noticia.
Las imágenes dan nacimiento y distribución una noticia espectacular, morbosa y real como la vida misma. Un verdadero show que nos hace dudar de su veracidad.
¿Qué extraordinaria capacidad ha tenido el camarógrafo para estar en el sitio oportuno en el momento oportuno? ¿No sería avisado con anterioridad? ¿Quizá se supiera con anterioridad de las intenciones del joven-presunto-terrorista-suicida, pero se esperó a reducirlo en plena calle y con una cámara que diera fe del logro? ¿O, simplemente, ha sido todo un mensaje para seguir demonizando, a ojos del mundo entero, a los kurdos?
Cuando no hay imágenes no hay noticia. Así es la televisión. El medio caprichoso por antonomasia.
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