Fracaso
jesus clavijo urbano - 30-06-2005 13:07:47 | Categoria: Actualidad
Un interesante artículo sostiene que las heridas de Sbrenica sólo podrán cicatrizar con una Unión Europea ampliada. Cuando hablamos de UE ampliada, señala su autor, nos referimos a la entrada de Bulgaria y Rumanía. También de Turquía -con independencia del status de adhesión que se otorgue a Ankara-, pero sobre todo a la incorporación de Crioacia, Bosnia y...Serbia al "territorio de paz" que representa la UE desde hace más de medio siglo.Claro está que el futurible e hipotético ingreso de Serbia en la "superunióneuropea" (con constitución o sin ella, con sucedáneos u otros tratados) sólo se materializará, a juicio de los propios comisionados, cuando Serbia reconozca su culpabilidad en la Guerra de los Balcanes.
Coincidiendo con el décimo aniversario de la matanza de Sbrenica, el proceso revisionista de aquel trágico episodio y de todo el conflicto bélico de la antigua Yugoslavia, está en boga. Máxime si se tienen en cuenta que Madlic y Karadzic aún no han sido puestos delante de un tribunal.
El artículo que subrayo recoge que el gran fracaso de la UE desde la Segunda Guerra Mundial lo representa el conflicto de los Balcanes. Una frustración que manchó también a la ONU y a la OTAN, que no supieron contrarrestar la masacre de Sbrenica.
Pero la matanza de entre 8.000 y 10.000 musulmanes en la localidad bosnia plantea una cuestión adyacente y no menos importante: ¿Por qué sí intervino la OTAN en Kosovo?
Con el interrogante añadido de: ¿Cómo no se pusieron medios para evitar los genocidios acaecidos en la guerra de los Balcanes entre 1992 y 1995?
El planteamiento revisionista que estos días recorre la prensa internacional no parece hacerse eco de una cuestión fundamental: que la gran amenaza para Europa -para la Europa de la paz y de la opulencia- la representaba Kosovo, con un conflicto étnico a las mismas puertas del continente y que era preciso solventar para evitar que la llama alcanzara toda la mecha y prendiera fuego a Occidente.
Sobre todo, teniendo en cuenta el secular apoyo de Rusia a los serbios.
Europa, diez año después, se lamenta de la sangría de Sbrenica. De la tragedia de Sarajevo, sin plantearse mínimamente la arbitrariedad de una OTAN inefizaz en Bosnia, pero muy decidida en Kosovo. Una intervención, por cieto, que sigue acusando muchos claroscuros.
Como todas las guerras, por cierto. Donde siempre hay más sombras que luces en sus casusas, pero también en sus consecuencias.
El gran fracaso de Europa fue Sbrenica, plantea el artículo. Un fracaso que sólo puede ser redimido ampliando el espacio de estabilidad y paz que supone una unión -ecónomica- europea ampliada hacia el este.
En 1995, Europa vio -o quiso ver- su incompetencia para resolver un conflicto que desangraba a los hermanos eslavos del Este, a los que ahora, como ejercicio de responsabilidad quiere acoger bajo su regazo.
Pero la insolidaridad patente de aquellos años tiene su repetición en momentos en los que la UE se encuentra en una grave crisis de identidad. En unos momentos donde las amenazas son otras y los retos son muy diferentes. En unos momentos donde se debate si la UE es incapaz de dotarse de una infraestructura política de decisión, por encima de intreses económicos particulares. Quizá por que medios como el tratado para dotarse de una constitución son ineficaces.
El problema reside en la innegociable cesión de soberanía en un mundo globalizado quie tiende a la contrario. El problema de la soberanía, entonces como ahora, se encuentra en la raíz una guerra que, en la ex Yugoslavia, no sólo no parece haber terminado, sino que goza de una gran vigencia.
Una década después, la estructura política de los paises balcánicos es frágil. Su población está sumida mayoritariamente en la pobreza. El nivel inversor de estos estados es muy bajo y sufren una alta tasa de paro.
Una situación dramática, acentuada por las tensiones étnico-religiosas, que no son sino ramificaciones de las tensiones de soberanía.
Un trasunto de lo que se ha discutido en la UE hace unos días, bajo la apariencia de discurso económico.
Y milósevic autodefendiéndose en La Haya.
Con la ayuda literatia de Handke.
Y de otros que se la dan de liberales.
Y de relatores de la Verdad. Así, con mayúsculas.
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